Llegó a Ile aux Nattes un buen día de 2005 después de un viaje inesperado. Se sentó en la playa, junto a la laguna turquesa, frente al Océano Índico y las palmeras dicen que se le saltaron las lágrimas.

Estaba alli ! Una ola casi telúrica lo recorrió y decidió ese día no irse e instalarse en este pedazo de paraíso en los confines de la tierra.

Se comprometió a construir, a costa de mil complicaciones, lo que hoy es Analatsara, un remanso de paz y tranquilidad donde le gusta recibir a sus amigos e invitados y compartir con ellos una buena copa de vino, un mero recién pescado, un tropical imagen llevada por el viento. Debatir e intercambiar experiencias, vivencias, deseos, utopías.

“El Barón”, como le llaman los habitantes de la isla, es un esteta del arte. Supo elegir la belleza, la calma y la voluptuosidad como le gusta recordar. Y tener un tesoro deja de serlo si no se comparte.

« El paraíso
no existe,
pero Analatsara
lo parece. »

« Me gusta encontrarme en este santuario privilegiado del fin del mundo donde, a pesar de la distancia de todo, puedes encontrar una mesa refinada con cubiertos de plata, manteles de tela, candelabros adornados, garrafas de vino de Burdeos.

Todo esto a años luz de la inquietud occidental y consumista; y en un entorno idílico conviviendo con los autóctonos respetando la naturaleza y las tradiciones locales. »

Jean-Pierre es un ilustrado, un «encendido» en el buen sentido del término; se equivocó de siglo. Ha creado un mundo hermoso para sí mismo, que desea compartir con sus invitados, en torno a un ponche local que a veces nos lleva al delirio galáctico. Encontró un octavo joven que lo une a Nadia quien maneja las cajas como mano maestra.

No somos los mismos cuando hemos conocido Île aux Nattes y solo queremos una cosa, volver.